martes, 10 de noviembre de 2015

Flores por y para todos

Se respira aire a historia. Se puede sentir el labrador trabajo que cada una de las personas que aquí están le inyectan a su rutina. Es un lugar conocido por todos los medellinenses, mencionado siempre como uno de sus insignias. 125 años han pasado por aquí, pero La Placita de Flórez niega a desaparecer. Y de eso se encargan más de 300 personas.




Construida en el lugar donde había, hace casi dos siglos, una casa, La Placita ha visto crecer a Medellín, por arriba, por los lados y hasta por abajo. Literalmente. Con una ubicación céntrica, es de fácil acceso para una gran población de la ciudad que se niega a dejar las costumbres de nuestros antepasados.

Y es que todos sabemos que la capital antioqueña es ciudad de mujeres hermosas, delicioso café y de flores. Es por eso que La Placita es el mejor exponente. Comenzó como punto de encuentro de todos los arrieros que llegaban desde Santa Elena para vender y distribuir sus flores. Y así se quedó, como punto de partida, no solo de flores, sino de todo aquello que se pueda imaginar.

Son las 6:30 de la mañana y ya es tarde aquí. “Aquí llego desde las 4:00 y a veces ya hay gente esperando”, cuenta Don Carlos, quien vende flores. Pero de flores no va solo La Placita, pues aparte del olor de margaritas y girasoles, se respira a vida. Vida reflejada en Don Carlos, Doña Elena, Don Federico y todas las personas que hacen de La Placita el lugar que es.

Un sentimiento tienen en común todos los que trabajan y visitan este lugar: cariño. Por La Placita, ese lugar donde crecieron nuestros abuelos, esos que mandaban sus padres a comprar comida; nuestros padres, que bien pudieron conquistar a nuestra madre con una flor salida de aquí; y nosotros, que tenemos la suerte de vivirla.

Pero, ¿cómo hace una plaza de mercado para sobrevivir en una era donde predominan los hipermercados? “El trato al cliente es fundamental, aquí se siente cercanía”, cuenta una clienta de una de las carnicerías que pululan por el lugar. Y debe ser fundamental, porque habiendo grandes empresas en el sector, consolidarse décadas, traspasando épocas, tiene su mérito.

En su nombre reza la palabra “flores”, pero no nos equivoquemos, aquí se vende de todo. Desde manualidades, carnes, arepas hasta consultorio odontológico podemos encontrarnos en el lugar. Perfectamente, no tenemos que ir a otro lugar: aquí encontramos lo que necesitemos.
Son casi las 7:00 y La Placita está atestada de personas. Tanto como para mercar como para comprar lo del día, es frecuentado por personas de todo tipo. Van y vienen, no necesariamente comprando, tan solo observando el panorama.

Pero en todo este tramado de locales, flores y demás, hay espacio para la humanidad. Siendo un lugar tan grande, es mucha su basura diaria y si le sumamos que se vende comida, sube exponencialmente. Pero no todo son desechos, pues también hay comida que por uno u otro motivo ya no se puede comercializar, a pesar de estar en buen estado. En vez de botarla, como hacemos muchos, hacen un acto de caridad, dándosela en forma de mercado a personas necesitadas. Un gran ejemplo.


La Placita de Flórez es un lugar rebosante de vida e historia, que se ha convertido en un ícono de la ciudad y en un patrimonio para todos los paisas. Entre sus paredes se conserva la esencia de nuestra sangre, sus trabajadores llevan impregnada la verraquera que tanto nos distingue. 

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