domingo, 1 de noviembre de 2015

Detrás de las letras

“Yo para qué voy a buscar otras carnes si en mi casa tengo solomito”, decía Paul Newman, histórico actor ganador de dos premios Óscar, en referencia  a su esposa por más de 50 años, Joanne Woodward. Y así habla Aquiles cuando se refiere de María Eugenia, su esposa desde hace 19 años.



Son las 10 de la mañana. El viento está inquieto hoy, llevándose por delante más de un trabajo de los estudiantes, haciéndolos correr por todo el corredor en busca de la hoja que tanto esfuerzo les costó llenar de tinta. Aquiles come unas mandarinas, saciando un poco su hambre a la espera del almuerzo. Es temprano aún, pero su día comenzó hace horas.


Vive en Copacabana, por lo que el trayecto hasta su lugar de trabajo se alarga en el tiempo. Cada día, sagradamente, se levanta a las 3:30 de la madrugada. “A veces duermo un poco más, hasta las 4”, dice tranquilamente, mientras su servidor exclama un “uh” en clara señal de asombro. “Me gusta llegar temprano a la universidad, estoy desde la mañana aquí, así aprovecho el tiempo y adelanto trabajos.” Haciendo cuentas, llega sobre las 7 de la mañana y sale después de las 10 de la noche. Agotador, cuanto menos.

Fernando Aquiles Arango Navarro nació en Medellín, hace 54 años. Es comunicador social de la Universidad Pontificia Bolivariana y Magister en Educación de la Pontificia Universidad Javeriana. Docente, periodista e investigador, cuenta con más de 25 años de trayectoria.


Uno habla con Aquiles y lo primero que nota es que es un hombre culto, aficionado a la lectura, con una gran memoria para recordar títulos y autores. Y como muchas otras aficiones, todo comenzó desde casa. Su padre era un hombre con una biblioteca personal amplia, por lo que estaba rodeado de letras desde una temprana edad. “Soy una persona que leo de todo, desde investigaciones hasta libros de cocina”, relata. “En mi casa todos los días compraban los periódicos de la ciudad y yo los leía, con especial atención a la sección deportiva.”

Y si hablamos de deporte tenemos que hacer énfasis en el fútbol, una de sus pasiones. Estudiantes que han tenido clase con él no dudan en definirlo como futbolero, con algunos comentarios que muestran su conocer  del tema. “Me sorprendió que supiera tanto de fútbol, la verdad no me esperaba que un profesor fuera tan futbolero como él”, cuenta Daniel Zuluaga. Esta pasión nació desde la radio, ya que de niño la televisión aún no estaba tan estandarizada como ahora, por lo que el principal medio de comunicación era radiófono. Siendo Aquiles futbolero, la pregunta obligada es:” ¿de qué equipo eres?”.  “Soy de Millonarios. En mi infancia los medios eran mayoritariamente bogotanos, por lo que le fui cogiendo cariño a los azules. Y mira, tan bonito es el azul, que hasta hoy Nacional lo usa como uniforme.”

La conversación es distendida. Aquiles es una persona a quien le gusta hablar, extenderse sin parar. Una pregunta que podría tener una respuesta de dos líneas él la convierte en dos párrafos. Quizá ha leído tantas letras que necesita sacarlas. “Soy más formal de lo que parezco”. En el ambiente universitario es exigente, disciplinado y ordenado, algo que quizá traslada al hogar, pero con excepciones.

Padre de dos hijos, un hombre de 18 años y una mujer de 16, es estricto pero a la vez flexible. Consentidor, cariñoso y especial con ellos, es consciente de que él también fue hijo, por lo que trata de ponerse en la situación de ellos en determinadas ocasiones. Es hogareño mientras su trabajo se lo permite, por ello pocas veces sale con amigos, pues los fines de semana los dedica enteramente a su esposa e hijos.

Hoy es esposo y padre, pero ayer fue soltero y joven. Y vaya si disfrutó su juventud. Por más que uno vea a Aquiles como bonachón, afable y rodeado de libros, hay otro Aquiles que le gusta la bebida, la música caribeña, los vallenatos juglares, la rumba hasta el amanecer, jugar cartas… “Mi juventud la bebí y rumbeé lo más que pude, sabía que ese era el momento para hacerlo, no ahora que estoy casado. No lo digo con orgullo, pero tuve tiempo de vivir gracias a jugar –y ganar– cartas, beber hasta el día siguiente y probar cosas prohibidas.”

Si le gusta la rumba, le debe gustar diciembre. Y así es. En la privacidad de su familia, decora todo su hogar con motivo de la Navidad, siendo un asiduo de las tradicionales fiestas decembrinas y aprovecha, quizá, para desatrasarse de los traguitos que no puede beber el resto del año.

Aquiles es un hombre con la palabra firme y segura. No tiene que pensar mucho lo que dirá, todo lo analiza con rapidez y te responde con un muro de palabras. Habla de la lectura como su gran pasión, aquella que le ha ayudado en varios momentos claves de su vida. Obtuvo el mejor puntaje ICFES de su colegio, pasó cuatro veces a la universidad (ganando su respectivo examen), ganaba los exámenes con facilidad, era el mejor de su clase… Un alumno 10. Era buen estudiante, los hechos lo demuestran, pero ahí, cuando se le escucha hablar de su época de estudiante y logros, se percibe cierto aire de alarde, grandeza y convencimiento de sí mismo, tanto, que lo hace perder la humildad por instantes.

Siempre quiso ser comunicador, lo sabía desde pequeño al estar rodeado de libros y encantarle su mundo, pero como rareza, lo primero que estudió fue ingeniería química en la Universidad de Antioquia. Duró un solo semestre. Cambió la probeta y el tubo de ensayo por la pluma y el papel. A perspectiva, lo considera una buena elección. Eso sí, su título como profesional es de la UPB gracias a los paros y problemas que en su época presentaba la U de A y que lo desalentaron continuar en esa tónica.

Fuera del mundo estudiantil, su primer trabajo fue en El Mundo, donde inició en la sección metropolitana, para después pasar a la sección deportiva, que tanto quería, y terminar en economía. Durante este proceso se casó y se convirtió en padre de familia, es por eso que decide irse a trabajar a FENALCO y así aumentar su salario. Por parte de la docencia, la ha ejercido siete años en la Universidad de Medellín, seis en la Corporación Universitaria Lasallista, un año en la Universidad de Antioquia, instancias en la Universidad San Buenaventura y Colegiatura Colombiana y, desde hace casi cuatro años, en la Fundación Universitaria Luis Amigó.

Pero es trabajando como periodista donde se encontró con una historia que lo marcó. “Estando en periodismo deportivo me encontré con Mauricio, un niño de 8 años que quería ser futbolista.” Hasta aquí todo normal, pero la sorpresa viene cuando cuenta que le faltaba una pierna, por lo que su sueño era poco menos que imposible. Mauricio usaba una prótesis que debido a su crecimiento natural ya no le servía, pero siendo de escasos recursos no tenía forma de cambiarla. Así, Aquiles escribió un artículo con la historia, posibilitando que consiguiera una nueva prótesis. “Años después estaba en la calle y él me reconoció. Ahí sentí la satisfacción de ayudar a alguien desde mi labor como periodista.”

Los minutos pasan, las palabras se suceden una tras otra. Ya se comienza a sentir el calor infernal que en los últimos días sacude a Medellín. Hoy Aquiles trabaja hasta las 10 de la noche, por lo que prisa no tiene. Le pregunto por una debilidad y aquí, a diferencia de otras veces, se toma más segundos para responder. “Me aburro fácilmente. Soy de esfuerzos concentrados en poco tiempo, si un trabajo se alarga mucho, pierdo interés y lo dejo de lado.” Si Aquiles fuera un atleta, sería velocista de 100 o 200 metros, nunca maratonista. “Soy muy llevado de mi parecer, terco. Si bien a veces es necesario, también soy impaciente.” Tanto le gusta leer, que hasta se asemeja a Sherlock Holmes.

La charla está llegando a su fin. Te puedes sentar con él por horas y horas, sin más preocupación que refrescar la garganta y estar presto para escuchar. “¿Cómo te definirías en una palabra?” Le pregunto. “Práctico”, responde. “¿Un libro que regalarías?” “Cuento de navidad, de Charles Dickens. Hay mejores, pero este tiene una historia que puede enganchar a cualquiera.” “¿Qué te ha faltado por hacer?” “Escribir un libro, quizá de cuentos. Soy más cuentista que novelista. Se llamaría ‘El reino flotante’, una historia sobre las ánimas. Si lo escribiera, sería un autor ya de la tercera edad, cerca de la jubilación, pues mi trabajo no me permite concentrarme en ello ahora mismo.” Se le nota la ilusión por hacerlo cuando habla de ello.

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