martes, 10 de noviembre de 2015

Descarga incompleta



He recorrido la Italia renacentista, traspasado un agujero negro, creado un club de la pelea y viajado al futuro que hoy es pasado, pero aún así no he saciado mi sed por descubrir el mundo. La bondad se entiende, demasiadas veces, como la virtud de quien no tiene más, es por eso que la personalidad se debe forjar día a día. Las pasiones son las que marcan tu vida.

Flores por y para todos

Se respira aire a historia. Se puede sentir el labrador trabajo que cada una de las personas que aquí están le inyectan a su rutina. Es un lugar conocido por todos los medellinenses, mencionado siempre como uno de sus insignias. 125 años han pasado por aquí, pero La Placita de Flórez niega a desaparecer. Y de eso se encargan más de 300 personas.


Relato de un náufrago



  Breve reseña.

¿Qué harías, si, de un momento a otro, te encuentras a la deriva en el mar sin nada para sobrevivir? Eso es lo que le sucedió a Luis Alejandro Velasco, quien fue náufrago por 10 días. Una mirada en primera persona a esa pericia en altamar, cómo luchó contra tiburones y fantasmas del pasado, además de lidiar con el hambre y la desolación. Un descubrimiento a quien un día fue héroe nacional y hoy es ignorado por su pasado.

Un relato que hace que sientas desesperación por cada palabra que lees y te lleva de la mano por cada día que transcurre.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Promesas cumplidas

Ella, melancólica como pocas, no podía dejar de pensar en aquel día. Y es que si por algo se ha caracterizado Susi es por pensar demasiado las cosas. Las ideas quedan flotando en su cabeza por horas, sin tomar decisión alguna. Puede mirar los pájaros que se posan sobre un pino y divagar acerca de lo mucho que le gustaría poder volar y escapar, así sea por poco tiempo, de su realidad.


domingo, 1 de noviembre de 2015

Detrás de las letras

“Yo para qué voy a buscar otras carnes si en mi casa tengo solomito”, decía Paul Newman, histórico actor ganador de dos premios Óscar, en referencia  a su esposa por más de 50 años, Joanne Woodward. Y así habla Aquiles cuando se refiere de María Eugenia, su esposa desde hace 19 años.



Son las 10 de la mañana. El viento está inquieto hoy, llevándose por delante más de un trabajo de los estudiantes, haciéndolos correr por todo el corredor en busca de la hoja que tanto esfuerzo les costó llenar de tinta. Aquiles come unas mandarinas, saciando un poco su hambre a la espera del almuerzo. Es temprano aún, pero su día comenzó hace horas.

Amistades que se van, amistades que se quedan.

Pensábamos tomarnos dos cervezas, pero terminamos tomándonos dos cajas enteras entre los dos. Eran muchos los temas que tocar, la boca se reseca y, admitámoslo, una cerveza con un amigo es uno de los placeres de esta vida. Y él no era cualquier amigo, no. Era mi mejor amigo. O al menos algún día lo fue.

Llevábamos ocho años sin vernos, o bueno, sin hablar. Porque vernos, lo hacíamos. Lo veía pasar cada cierto tiempo con su padre, quien tanto me dio en el pasado. Nos saludábamos como buenos conocidos que éramos, pero no pasaba de ahí. No había más contacto que la mano alzada en señal de saludo. Y así, ocho largos años.

Nunca lo había hecho

Nunca lo había hecho, era un completo inexperto en la materia y no quería hacer el ridículo. Todos mis amigos hablaban de lo genial y excitante que es, lo mucho que lo hacían, lo bien que lo pasaban y hasta llevaban una cuenta particular por ver quién lo hacía más veces. Yo, en medio de esas charlas soporíferas, solo acataba a asentir con la cabeza y rezar para que no me preguntaran por mi experiencia.